Más de 150 empresas cotizadas en Wall Street son investigadas por la Comisión Federal de Valores (SEC) y los fiscales de Estados Unidos en relación con las presuntas irregularidades cometidas en la distribución de opciones sobre acciones entre sus directivos. Ningún caso es tan conspicuo como el de Apple, por notoriedad de la compañía y por la personalidad de su presidente, Steve Jobs, implicado en dos operaciones de comienzos de la década.
Algunas compañías han prescindido de sus directivos vulnerables, antes que verse salpicadas por una práctica habitual aunque discutible. Otras, Apple entre ellas, prefirieron cerrar filas. Hace poco, la empresa declaraba que los investigadores reclaman documentación sobre un asunto que creía haber cerrado. El comunicado ratifica la voluntad de colaborar con las autoridades, pero reprocha la pérdida de tiempo y dinero en el asunto.
Apple salió al paso de las sospechas al constituir un comité para investigar el asunto. Para presidir el comité tenía a mano el hombre adecuado, Al Gore, ex vicepresidente de Clinton y miembro independiente del consejo. El dictamen de Gore enmienda las cuentas de varios ejercicios, asumiendo cargos por 84 millones de dólares por irregularidades en más de seis mil casos identificados, una minucia al lado de sus beneficios, que en el trimestre más reciente han sido once veces superiores. Al mismo tiempo, el comité reconoce que las actas de la reunión en la que supuestamente se aprobaron aquellas opciones fueron falsificadas, sin revelar por quién. Un detalle que ha permitido a la prensa descubrir que dos abogadas han dejado discretamente la compañía poco antes de la revelación. Lo más significativo es que el comité ha exculpado a Jobs.
Viejo episodio
El episodio se remonta a los años 2000 y 2001, en los que Apple entendió necesario repartir opciones entre sus ejecutivos más valiosos. Se procedió a antedatar las operaciones, con el fin de facilitarles una ganancia inmediata gracias a la diferencia de valoración entre la fecha ficticia y la real. Esto era legal, a condición de que: a) fuera aprobado formalmente por el consejo, b) se apuntara una provisión contable, y c) se informara a la SEC del nombre de los beneficiarios. Tarde se ha sabido que dos de los requisitos no se cumplieron y que Jobs estaba tan ocupado reflotando la empresa que se demoró varios meses en firmar la comunicación preceptiva.
Según la documentación conocida, en enero del 2000 a Steve Jobs se le adjudicaron opciones sobre diez millones de acciones, a las que renunció luego; al año siguiente, otros 7,5 millones de acciones, con un beneficio teórico de 22 millones de dólares, gracias a la diferencia entre los 18 dólares de la fecha supuesta y los 21 dólares de la verdadera. Sin embargo, el propio interesado renunció a esta segunda oportunidad y, a cambio de su gesto, fue premiado por el consejo con un paquete de acciones discrecionales por un valor equivalente.
Tiempo después, varios accionistas denunciaron los hechos ante la justicia, pero su perjuicio resulta poco verosímil. El regulador persiste en investigar el caso, pero también otro en el que Jobs estaría implicado, las opciones distribuidas por Pixar, el estudio de cine animado que presidió y fusionó con Disney.
© La Vanguardia
Por Norberto Gallego